Suchitoto CC by SA Michael Swigart

Suchitoto CC by SA Michael Swigart

Desde hace cinco años, se cuenta con una Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP), la cual, sin cuestionar el por qué se requiere información, obliga a todas las entidades estatales, municipales y asociados público-privados a brindar insumos (estadísticas, contratos, convenios, planos, entre otros) que se encuentren administrados bajo su tutela de manera veraz y oportuna.

Aparte de la contraloría social ejercida por las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) para velar por el cumplimiento de dicha normativa, la administración pública dio cabida al surgimiento de diversas instancias, como el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) y la Secretaría de Transparencia, Anticorrupción y Participación Ciudadana, así como el portal gubernamental Gobierno Abierto, que compila —sin verificación periódica— más de 92 mil documentos con datos oficiales.

En un lustro de la LAIP, el Estado se encuentra descontento. ¿Por qué? No contaba con que, en menor o mayor cuantía, este insumo contribuiría al fortalecimiento del ejercicio periodístico, activista e investigativo de diferentes expresiones de la sociedad civil, que aprovecharon ese lapso de tiempo para mejorar y pulir las técnicas bajo las cuales solicitaban información a la administración pública.

Sin embargo, ante una dispersa presencia digital de estas iniciativas en el país, se vuelve esencial preguntarse: ¿qué se sabe del trabajo de datos en El Salvador? ¿existen límites y alcances en lo que se ha venido haciendo hasta ahora? ¿realmente se puede hacer algo para despertar/cohesionar el interés de las personas en eso? Para responder a estas y otras inquietudes, realicé un sondeo con diferentes profesionales de la investigación y la comunicación y esto fue lo que encontré.

Los alcances

“Creo que se ha explorado muy poco esto (en periodismo al menos)”, asegura Jimena Aguilar, periodista e investigadora salvadoreña, quien también me aseguró que el trabajo con datos ayuda a proporcionar perspectivas nuevas a historias que se vienen contando desde hace tiempo, como las investigaciones que ella realizó durante algún tiempo para secciones de La Prensa Gráfica (LPG) en materia de transparencia, quehacer judicial, problemáticas sociales, entre otros.

De igual forma, me encontré con diferentes iniciativas que están haciendo un esfuerzo por incorporar la arquitectura de los datos dentro de su quehacer profesional. Desde hace dos años, el periódico digital Elfaro.net, ha puesto en discusión diversas problemáticas nacionales (leyes, homicidios, viajes de diputados, pensiones, entre otros) con el tema de datos. Durante ese mismo período, Fundación Latitudes procesó diferentes aristas de la problemática de género para determinar que la violencia hacia la mujer es un fenómeno multicausal en el país bajo el proyecto “Háblame de Respeto”.

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Y, aunque persista la resistencia del Estado e instituciones afines para entregar debidamente la información solicitada por diferentes audiencias —legisladores, tanques de pensamiento, Organizaciones No Gubernamentales (ONG), periodistas, entre otros—, cada vez hay más personas e instancias interesadas en el trabajo de datos, que realizan las gestiones necesarias para obtener insumos que les permitan conocer el nivel de polución en el país, construir informes socioeconómicos, conocer la historia de candidatos políticos salvadoreños o, en su defecto, promover el rescate de la memoria histórica para entender el presente y tratar de mejorar el rumbo del país.

 

 

Las limitaciones

“[Quizás,] es tener que trabajar todo desde cero. Mucha carpintería”, expresa Edwin Segura, director por más de 15 años de LPG Datos, una de las dependencias nacionales en el trabajo de datos en el país, quien también me comentaba que muchas veces se pierde demasiado tiempo y esfuerzo en limpiar datos falsos o maliciosos proporcionados por las oficinas de Gobierno, que muchas veces entrega insumos incompletos o insuficientes con la clara intencionalidad de entorpecer el trabajo de los arquitectos de los datos en el país.

A eso, se suma algo que me comentaba Jimena en torno al trabajo de datos: “Si no se trabaja en equipo, es difícil hacerlo de una forma creativa y llamativa”. Esto me llamó muchísimo la atención por dos cosas. En primer lugar, aunque existan plataformas que ayudan a la creación de visualizaciones, siempre se necesita de un equipo multidisciplinario para echar a andar un proyecto de datos. Y, por otro lado, aunque existan diferentes iniciativas nacionales que trabajen con datos, existe un esfuerzo disperso por trabajarlos; es decir, cada quien hace lo que puede para sacar adelante el reto de trabajar con bases de datos que podrían perseguir objetivos y esfuerzos comunes.

Piedras en el camino

Cuando le pregunto a Jimena cuáles son las implicaciones negativas de trabajar los datos, ella es contundente: “(El trabajo con datos) es algo que no se entiende en las redacciones […] Requiere mucho tiempo, algo que no gusta dar en las redacciones”. Y no solo las redacciones, pues también las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y diferentes iniciativas de la sociedad civil desconocen la metodología de trabajo que implica la arquitectura de datos. Por ende, siempre existe la presión constante por publicar y divulgar insumos sin tomar en cuenta otros factores internos y externos que inciden en la construcción de historias con datos.

De estos, destacaría lo siguiente. Para empezar, existe un miedo y desconocimiento generalizado hacia la matemática y estadística básica, por lo cual colegas de diferentes áreas no entienden o ver cómo una pérdida de tiempo cómo utilizar los datos para crear historias más allá de lo que estos manifiestan. Por otro lado, tenemos una incongruencia en el accionar gubernamental, ya que, aunque tengamos un gobierno que apoye discursivamente la transparencia, sus acciones se enfocan en perseguir a quienes solicitan información y construyen datos mediante cuestionamientos, acusaciones y demoras en la entrega de insumos sin fundamento alguno.

¿Qué podemos hacer desde aquí?

Ante este panorama, se vuelve esencial empezar a hacer conscientes a diferentes sectores de la sociedad civil sobre la importancia de las historias de datos sobre temáticas específicas. Para eso, como fellow de Escuela de Datos me encuentro diseñando una serie de eventos con equipos multidisciplinarios, talleres, actividades y ponencias que deconstruyan el temor a los números que actualmente se tiene mediante el intercambio de experiencias/conocimientos. Solo así se podrá hacer visible lo invisible para explicar el por qué de las cosas de diversas temáticas que se tocan en el país.

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Desde este enfoque, no solo le enseñaría a futuras generaciones de arquitectos de datos, también a quienes actualmente tienen contacto directo o indirecto con ello (editores, coordinadores, periodistas, entre otros) en aras de que puedan comprender y empatizar con la metodología del trabajo de datos, mediante el fomento de la conciencia situacional de los datos en el país, herramientas que ahorren tiempo, trascendencia de los enfoques tradicionales de visualización, entre otros apartados.

Luego de trabajar dos años con temáticas de género y memoria histórica, me di cuenta de que todos los arquitectos de los datos contamos con una experiencia autodidacta; tenemos una formación diferenciada para sortear retos internos y externos que, al final de cuentas, llegan a puntos comunes. Por un lado, sorteamos con las trabas impuestas por el Gobierno en torno a cómo se pide y se envía la información solicitada; mientras tanto, tenemos que justificar constantemente nuestro trabajo en los hostiles vaivenes de la inmediatez y premura informativa de nuestros lugares de trabajo.

A raíz de eso, me encuentro apoyando el diseño de una currícula educativa especializada en periodismo de datos para que colegas periodistas de Honduras, Guatemala y El Salvador puedan formarse con todos los elementos necesarios para emprender historias de datos sobre temáticas específicas en sus países de origen, que se convierte en una maravillosa oportunidad para seguir despertando el ahínco, la insistencia, la pasión por interrogar y hacer cosas con los datos.

El panorama es retador. Pero ahora que soy consciente de cuáles son los límites, alcances y piedras en el camino del periodismo de datos en El Salvador y todo lo que falta por recorrer, quiero seguir adelante, asumo el desafío que me presenta este fellow, pues, como diría Sandra Crucianelli (2012), “(…) en esta bendita profesión no brillan las personas con suerte, con buenas conexiones, ni siquiera con mentes brillantes: en esta tarea solo brillan los perseverantes. Ahí está la diferencia.”