Sustainable Development Goal #1: No Poverty

Este texto es una colaboración de Fredy Rodríguez, coordinador del Área de Datos del Think Thank para Latinoamérica y Caribe CEPEI.

En 2015, 193 líderes mundiales se comprometieron ante las Naciones Unidas con la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, la cual está compuesta por diecisiete (17) Objetivos Globales y 169 metas para lograr tres cosas: erradicar la pobreza extrema, combatir la desigualdad y la injusticia, y encontrar soluciones al cambio climático en 15 años, de los cuales ya han transcurrido año y medio.

 

No tenemos un plan b para resolver los problemas del mundo, ya que no tenemos un planeta b

 – Ban ki-moon-

 

El escenario de la Agenda 2030 presenta como consenso que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) requieren un esquema robusto de generación y análisis de información pública y privada, tanto a nivel nacional como subnacional. Esto implica contar con información de calidad, con mayor nivel de desagregación de los datos y con una cobertura más amplia, que sirva tanto para la medición del progreso como para la toma de decisiones basadas en evidencia.

 

Es por esto que le fue delegado a la Comisión Estadística de Naciones Unidas –el cuerpo de más alto nivel en el Sistema Estadístico Global que reúne a los diferentes directivos de las Oficinas Nacionales de Estadística– la responsabilidad de formular el marco de indicadores globales para los objetivos y metas de la Agenda 2030.

 

Para lograr lo anterior, se creó el Grupo Interagencial y de Expertos sobre Indicadores ODS (IAEG-SDG por sus siglas en inglés) que forman Brasil, Colombia y México, representando a América Central y Sudamérica. A junio de 2017, el grupo tiene definido un esquema de 230 indicadores que se están poniendo a prueba para revisar la viabilidad y pertinencia de su medición.

 

Dada la importancia de la información para los ODS, asociada al logro de una unión de esfuerzos, se crea la Alianza Global de Datos para el Desarrollo Sostenible (GPSDD por sus siglas en inglés), con el fin de facilitar espacios de discusión entre sociedad civil, academia, sector privado, gobiernos, filantropía, organismos multilaterales, etc., promoviendo la llamada revolución de los datos, que no es otra cosa que usar nuevas fuentes de datos y mejorar la calidad y apertura de los datos en torno al desarrollo sostenible. Por su parte, la Conferencia Estadística de las Américas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe le dio prioridad a los ODS, ya que por primera vez se elaboró una declaración denominada “Declaración de La Mitad del Mundo”, en la que se incluyó como primer punto del documento lo siguiente:

 

“Reafirmamos nuestro compromiso con la generación de estadísticas de calidad, que sirvan para el seguimiento de las agendas nacionales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”[1]

 

 

En el contexto latinoamericano, existen algunas acciones planteadas por países como Colombia, Costa Rica y México, que son lideradas principalmente por las Oficinas Nacionales de Estadística para la creación de la hoja de ruta para la medición de los ODS.

 

La primera de ellas es el diagnóstico de disponibilidad de información, que toma como referencia los Planes Estadísticos Nacionales (PEN) para realizar un análisis de oferta y demanda de la información existente. De esto se obtiene la línea base de la información para los ODS, estado de calidad de los datos y factibilidad de producir nueva información o usar fuentes no tradicionales[2] de datos en los casos de que existan brechas para medir los Objetivos Globales en todo el territorio nacional.

 

En la otra cara de la moneda, existen países de nuestra región sin inicar el proceso para la implementación de los ODS y mucho menos el de identificación de necesidades de información para su medición: es un gran reto la apropiación del tema y la gestión de recursos para la implementación de esta agenda.

 

En el uso de fuentes no tradicionales de datos está el uso del Big Data, ya que un número considerable de instituciones prefieren los datos del sector privado, los cuales, aunque no tienen un gran rigor técnico como los que podrían tener las oficinas estadísticas nacionales, resultan más actualizados y permiten tomar decisiones rápidas. No obstante, existen teorías que critican estas fuentes al considerar que no tienen una calidad suficiente para tomar decisiones. Por ejemplo: el uso de datos de telecomunicaciones tiene una gran volumen de información valiosa, pero es posible que las personas de países de renta baja que no tienen acceso a telefonía móvil no estén en las mediciones y, por tanto, quedan fuera del radar de las políticas públicas.

 

El principio esencial de los ODS es “no dejar a nadie atrás”. Para esto se requieren datos desagregados y de calidad que incluyan a todos los aspectos de la agenda 2030

 

 

Los trabajos avanzados por el gobierno permiten identificar retos que deben ser enfrentados más allá de la definición última de los indicadores, desafíos que hacen referencia a la capacidad de contar con los datos necesarios para su medición y la necesidad de coordinar esfuerzos interinstitucionales para establecer responsabilidades en la recolección, procesamiento, análisis y difusión de la información. Sin embargo, la participación de organizaciones diferentes a gobierno, especialmente las que cuentan con fuentes no tradicionales de financiamiento, no se ha incluido en las discusiones y tampoco se les han asignados roles específicos para que empiecen a entregar sus datos.

 

Otro de los mayores retos es el de las políticas de datos abiertos, que son insuficientes para identificar los actores del ecosistema de datos para el desarrollos sostenible. De acuerdo con el mapeo de datos www.datarepublica.org realizado en tres paìses (Colombia, Costa Rica y México), los principales datos que se pueden acceder libremente a través de la Web son los difundidos por organizaciones de gobierno.  En contraste, el sector privado es aquel con menor cantidad de datos publicados, lo cual invita a la reflexión sobre las políticas de datos abiertos en el sentido de que deben ser masificadas a todos los sectores, teniendo en cuenta que los ODS son una responsabilidad colectiva por los impactos y efectos que cada sector realiza en las temáticas de estos ambiciosos objetivos.

 

Para finalizar, se concluye que las dificultades en materia de medición y obtención de datos están asociadas al logro de una implementación con enfoque multisectorial, es decir, que involucre a todos los actores, desde el ciudadano de pie hasta el gobierno. Dada la naturaleza multidimensional de este proceso, es necesario dedicar atención a la gestión de información de calidad por parte de todos los actores, especialmente en los países que requieren un apoyo especial para producir su información básica y que con esta agenda requieren un mayor esfuerzo económico para cubrir las demandas de información.

 

Por lo tanto, el sector privado, el gobierno, y los demás actores deben convertirse en aliados que brinden y gestionen la consecución de datos para el desarrollo sostenible, sirviendo como un bien público que mejora la vida de todos.

[1] Resolución de la Reunión de la Conferencia Estadística de las Américas de la Comisión Económica para América Latina, 2015.

[2] Las fuentes no tradicionales son las que se generan a través de big data, imágenes, etc, que no hacen parte de las fuentes tradicionales que son las encuestas y censos.

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